lunes, noviembre 12, 2012

No hacer mosca me convirtió en cucaracha



 “Cuando andás mal de guita, lo primero que se va al diablo es la pareja”.
Edgardo Vertua

Todas las mañanas, antes de salir para la oficina, 
mi mujer rocía la casa con medio envase de Raid. 
No sé, ni quiero saber, si antes lo hacía 
con tanta frecuencia y fervor. 
Pero desde que me echaron del trabajo, 
estoy seguro de que el único insecto en la mira 
soy yo. 

MV


miércoles, octubre 31, 2012

Sólo a veces


A veces me parece que soñar
es escribir encima de lo vivido.
A veces me parece que vivir es borrar
algo nunca escrito.
A veces creo que para sobrevivir,
mato las cosas que sueño.

MV

martes, octubre 23, 2012

Adaptación



Señor, dame serenidad para aceptar las cosas que no me animo a cambiar, valor para asumir todo lo que no soy ni seré, y sabiduría para destruir mi sueños inalcanzables, antes de que ellos me destruyan a mí. 

 MV

domingo, octubre 21, 2012

Salió Grisú y podés encontrarlo en:


Librerías

Distal Librerías
Florida 249 / Florida 436 / Lavalle 775 / Av. Corrientes 921 / Medrano 25 /Rivadavia 4648 / J.M. Moreno 63 / Rivadavia 6870 / Shopping Liniers / Junin 1725 /  Av. Santa Fe 3142 / Scalabrini Ortiz 2518 / Av. Cabildo 2431 --- CABA)

Eterna Cadencia (Honduras 5582, Palermo, CABA)

Librerías Santa Fe -todas las sucursales- 
(Callao 335, CABA)
(Santa Fe 2376 y 2582, CABA)
(Alto Palermo Shopping, Av. Santa Fe 3253, CABA)
(Cabildo 605 esquina Gorostiaga, CABA) 
Libería Santa Fe digital

Boutique del libro

Boutique del Libro Unicenter (Buenos Aires)

Boutique del libro (Arenales 2048, Martínez)
Boutique del Libro (Nordelta)
Boutique del Libro Adrogué (Av. H. Yrigoyen 13298 local 223)
Boutique del Libro Pilar (Las Magnolias 754, Jumbo Local 1044)

Antígona Libros: 
Av. Callao 737
Av. Corrientes 1555
Las Heras 2597 (Abajo de la Biblioteca Nacional)
Cerrito 1128
Corrientes al 1500 (dentro del Centro Cultural de la Cooperación)

El Atril
Morón (25 de mayo 130)
Morón (Sarmiento 846)
Lomas de Zamora (Gorriti 250)
Tandil (Rodríguez 891)
Mar del Plata (Santa Fe 1654)
Mar del Plata (Diag. Pueyrredón 2970

Fedro (Carlos Calvo 578, San Telmo, CABA)

Gárgola Ediciones (Venezuela 726, CABA) 
Mercado Libre (Moriarty Libros, Belgrano, CABA, envíos a todo el país)
La Barca Libros (Scalabrini Ortiz 3048, CABA)
Edipo (Av. Santa Fe 2691, CABA)
Antigona (Av. Callao 737, CABA)
Librería Papillón (Arieta 2985, San Justo)
Librería Rodriguez (A Jauretche 1441, Hurlingham, Bs. As.)
Pehuén Libros (R. Gutiérrez 1418, Olivos)
El Enebro libros (Contitución 1120, San Fernando)
Fray Mocho (Belgrano 2870, Mar del Plata)
Macondo Libros (Mar del Plata)

City Bell Libros (Cantilo 501, City Bell, Bs As)
Librería Mariuca (Necochea)
Alfa Librería (Gral Pinto 763, Tandil)
Babilonia Libros (Calle 50 N° 636, La Plata)
El Ateneo (La Plata)
Librería Fidias (Olavarría)
Fuertes Eduardo y Ringuelet (Calle 49 n° 467 -entre 4 y 5-, La Plata)
Librería El Ateno (Paraná, Entre Ríos)
Magister Libros (Entre Rios 583, Concordia, Entre Ríos)
Ajamil (Libertador 1029, Calafate)
Ajamil (San Martín 1129, Usuahía)
Ajamil (Mosconi 44, Puerto Madryn)
Librería El Recreo (R. Saenz Peña 101 // 28 de Julio Esq Roca - LOC. 208, Pto Madryn)
Paseo del Pilar Local 43 (Panamericana Km 44, Bs As)
Paseo del Pilar Champagnat Local 156/158 (Panamericana Km 54, Bs As)Don Quijote Libros (Buenos Aires 4083, Viedma)
Libros Quijote (Santa Rosa, La Pampa)
Libracos (Corrientes 282, Neuquén)
El Mundo del Libro (Obispo Trejo 4 Esq Dean Funes, Córdoba) 
Dinosaurio (Rodriguez del Bustos 4086, Alto Verde, Córdoba)
Mandrake (Rioja 1869, Rosario)
El Emporio Libros (9 de Julio 182, Córdoba)
Centro Internacional del Libros (Lavalle 14, San Rafael, Mendoza)
Pinocho Librería (Mitre 464, Pehuajó, Pcia de Buenos Aires)
Libreria Santa Marta (Calle 22 N° 368, Gral Pico, Bs As)
 

miércoles, septiembre 26, 2012

Nosotros sí que sabíamos manejar en pedo



No quiero hacer apología, pero tengo que decirlo: los jóvenes de ahora no saben manejar en pedo. Por eso hay tantos accidentes. Y por eso llegamos al punto en que un sábado a la noche la ciudad es un campo minado de controles. No podés salir a cenar. Te agarran con dos vasos de vino encima y te quedás sin auto. Ni hablar de la multa y la quita de puntos.
Como diría mi abuelo y repetiría mi viejo, en mi época era distinto.
Primero, a las dificultades que generaba el pedo no había que sumarle la fuente de distracción que significa el celular.
Segundo, el único límite de pasajeros te lo daba el auto y tu capacidad de contorsión. En mi Taunus 77 entrábamos seis o siete. Es decir, seis o siete posibles conductores a la hora de volver.
Al igual que la juventud de ahora, estábamos en plena debacle. No teníamos noción de lo que significaba “ser medido” y no nos importaba en absoluto eso de “saber chupar”. Salíamos y nos emborrachábamos sin pensarlo… pero una vez que estábamos dados vuelta, sabíamos elegir al chofer. 
Apenas salíamos del boliche, controlábamos que estuviéramos todos (muy a nuestro pesar esto era así el 99% de las veces. El único motivo para pagar la entrada a un boliche era ganarse una mina y llevarla esa misma noche al telo, pero lo máximo que sacábamos del boliche era un teléfono, que a veces resultaba falso y a veces se perdía en la amnesia de los tequilas).
Una vez que teníamos la lista, tachábamos a los que en el algún momento de la noche habían vomitado. No importaba si habías quebrado cinco horas antes, durante la previa. El sujeto “vomitado” quedaba inhabilitado por jornada entera. Es que según nuestras estadísticas, había alta probabilidad de que en algún momento posterior al incidente, el “vomitado” padeciera uno o varios síntomas, como arranques de euforia, depresión, tendencia al llanto acompañado del mantra “no tomo más”, debilidad corporal, flojedad intestinal, o sopor agudo.
Por supuesto, este primer filtro a veces fallaba. El sistema funcionaba por denuncia, y si los testigos eran pocos se los corrompía con facilidad, en la barra. Además, si alguien había regurgitado sin ser visto, jamás lo admitía. Por orgullo, pero también por principio legal: nadie estaba obligado a declarar en su propia contra.
Después de esa primera ronda, uno por uno debía responder la pregunta de “¿Estás para manejar?”. Esta interrogación, simple en apariencia, aportaba un gran caudal de información. Aquel que respondía “no” o “no sé”, se convertía en candidato. Los que juraban que sí y decían cosas como “¡Mirame, estoy perfecto!”, iban directo a la lista negra y era muy difícil que se los moviera de ahí, por más que luego superaran con holgura las dos pruebas restantes.
La primera era el test Noti-Dormi: quien no aguantaba dos minutos con los ojos abiertos era descartado. Y ojo abierto era ojo abierto: el medio asta era presunción de mala fe y calificaba peor que un ronquido.
Aquellos que lo aprobaban, pasaban al examen Conde Atilio: además de mantener los ojos abiertos durante otros sesenta segundos, se agregaba la dificultad de no poder reírse.  
Ser nombrado chofer era ser nombrado presidente de mesa. Se lo consideraba carga pública. Si te negabas, los demás estaban en derecho de llamar a gendarmería. La función de chofer terminaba con la entrega de llaves al dueño del auto, luego de estacionarlo y cerciorarse de que todas las puertas quedaran con la perilla baja y los vidrios levantados. Podía hacerlo de onda, pero de ningún modo el chofer estaba obligado a cargar pesos muertos, embocar llaves, apretar botones de ascensor, suministrar agua, quitar zapatos, silenciar perros excitados, ni mucho menos hacer de escudo frente a padres furiosos.
Por último, si nadie resultaba 100% apto, se le daba el volante al que más se había acercado, o al que más cerca vivía del dueño del coche, para que nadie tuviera que andar tambaleando muchas cuadras.   

Mi Taunus. Aprendiendo a manejar, se las hice todas. Pero él también tenía lo suyo: en las cunetas tenías que sostener la palanca de cambio para que la segunda no volviera a punto muerto, y te quedaras acelerando en el aire.

viernes, septiembre 21, 2012

Felicitaciones, has vendido tu artículo…





El otro día vendí a través de internet un libro de Héctor Tizón. Hacía años que el título dormía en los estantes y al abrir el diario encontré el probable disparador: el escritor acababa de fallecer.
Tres días después, una chica se presentó en el local, me dijo que venía a buscar un libro, le pregunté cuál y me respondió:
–Uno de Tizón.
Mientras desarmaba el lote de títulos pendientes de retiro, le comenté:
–Justo esta semana se murió…
–¿Quién?
–¡Tizón! –le dije, dándome vuelta para mirarla.  
–No, claro, ya sé. Lo que pasa que esta semana también se murió mi perra –me explicó, tratando de sonreír.
–Ah, disculpame, no sabía nada –le devolví, y con sonrisa incluida no pude evitar agregar:– ¡No salió publicado en ningún lado!
Entonces nos quedamos trabados, mirándonos de lejos: ella en alguna galaxia junto su mascota, ajena a las ironías, y yo mucho más abajo, perdido entre libros huérfanos y auto-amonestaciones.

MV.