lunes, diciembre 12, 2011

Cada quien con sus demonios (Kata ton daimona eaytoy)



Tengo la cabeza llena de fechas que no me sirven en lo más mínimo, y no puedo echarle la culpa a Sarmiento ni a Felipe Pigna. Por ejemplo, sé perfectamente qué día fui al recital de Duran Duran, un grupo que nunca me gustó mucho (fui gratis). Fue el 30-04-93 en Vélez (se me cayó una sota), me acuerdo que en un momento encendieron todas las luces del estadio para filmar parte de un videoclip, y me acuerdo que después hicieron un cover de Los Doors.
Lo cierto es que una fecha pelotuda me lleva a otra fecha pelotuda y así ando, con tortícolis de tanto mirar pelotudamente hacia atrás. Todos los años, cuando se acerca el aniversario, rememoro una lejana noche en Sunset en que subestimé un dolor de panza y terminé haciéndome encima. Me la paso recordando (y saludando mentalmente) el cumpleaños de gente con la que perdí contacto hace siglos y, lo que es peor, el cumpleaños de familiares de esa gente. Por eso, que me acuerde que el jueves pasado Jim Morrison hubiera cumplido 68 años, no es nada raro

Los días son claros y llenos de dolor,
envuélveme en tu suave lluvia,
el tiempo que viviste fue demasiado loco,
volveremos a encontrarnos,
volveremos a encontrarnos.


Hace muchos muchos años (ADD, antes de Duran Duran) vi un video de los Doors en el Ed Sullivan Show y flasheé, así nomás. En tiempo récord conseguí todos los discos, los hice sonar hasta tatuármelos en la memoria y no paré. A partir de ahí, me dediqué a analizar cada una de las letras y los poemas que Morrison escribió. Vi todas las películas que hizo, estudié cuanta biografía andaba dando vueltas, repasé una y otra vez los documentales acerca de su vida y me arruiné la mía, convencido de que tenía que vivir en pedo y morirme a los 27.
Sobreviví, es decir cumplí 28, y de a poco logré ir corriéndome de las sombras que proyectaba el Rey Lagarto sobre mí. Seguí adelante, y de a poco volví definitivamente a ser yo mismo. En el 2004, por acto reflejo, saqué entrada para ir a Vélez (no iba desde el 93, se me siguen cayendo las sotas). No estaba muy seguro de lo que podría encontrar, pero llegando al estadio me di cuenta. Aunque sólo se tratara de Los Doos, imaginaba que al escuchar esas canciones en vivo podría terminar de matar el fantasma. Cerrar el círculo como quien dice.
No sé si fue el eclipse total de luna de esa noche o el olor a porro que se me quedó impregnado, pero al finalizar el recital las preguntas habían crecido lo suficiente como para romper el candado de donde las escondía: ¿Por qué el chabón necesitaba tanto morirse? ¿Qué lo llevó a ahogar su talento en un mar de whisky? ¿En qué parte de su cabeza se criaban asnos? ¿Cómo hacía para escribir canciones alucinantes y, al mismo tiempo, convertir su vida en un mamarracho? ¿Fue su infancia, el padre militar, algún abuso, las constantes mudanzas de su familia? ¿Fue falta de amor o de jugadores?

Oh, dime dónde se esconde tu libertad,
las calles son campos que nunca mueren,
libérame de las razones por las que preferirías llorar,
yo prefiero volar.


Este año cumplí el viejo sueño de viajar a París. Caminé por el barrio que él caminó cuarenta años antes, me saqué fotos en la puerta del edificio donde vivió y murió, y en el Père Lachaise, frente a su tumba, de la nada me puse a temblar como una viuda, recordando el significado de esas palabras en antiguo griego que su familia eligió como epitafio: Kata ton daimona eaytoy. Jim Morrison dejó un racimo de exquisitas canciones y despegó rápido para que yo me quedara mirando el cielo. Lo que él más deseaba era tirar la toalla y saltar del ring, incluso antes de la campana inicial. Eso es todo lo que sé y voy a saber de él. Ninguna fecha, disco, poema, periodista o psicólogo pueden explicarme ninguna vida.
Ni los demonios que la habitan.
MV



miércoles, noviembre 02, 2011

lunes, octubre 31, 2011

The Movement of a Hand




El movimiento de la mano, tranquilamente puede ser un revés. Y un golpe puede llevarte a otro, así como una canción te lleva a la otra, y otra a la otra, y cuando querés darte cuenta tenés maniatada a tu memoria emotiva, lista para pelotearla.
Hace varios años, escuchando este tema de Bright Eyes, me sentí deliciosamente insolado y confundido, y recordé Summertime en la versión de Janis Joplin, y me acordé de la biografía que había leído de ella, y de lo borracha y díscola que era, y de cómo cantaba con esa mezcla de ternura y desgarro… y de los desgarros de ella, me fui a los míos, y recorrí mis lesiones –físicas y mentales–, y en el remolino se me llenó la cabeza de polvo naranja, y me di cuenta de que gracias a todos esos años de tenis, ahora mi vida era una cuerda rota.
Una cuerda rota que sólo iba a poder unir de a ratos, con canciones como ésta.
MV

sábado, agosto 13, 2011

AC/DC, Henry Miller y el heavy metal mental

Billetera mata galán, Lucía Galán mata con Pimpinela, y a mí me mata Silvina Luna garchando en el medio del campo. Apago la compu, me tiro en la cama e intento dormir, pero estoy más acelerado que cuando hice scrum en el subte, hace unas horas. Desde la cocina, mi mujer me ofrece un chocoarroz a los gritos. No sé qué decirle. Prendo la tele, encuentro al cavernícola de Coco Silly dando su Cátedra de Macho y me pregunto: ¿Por qué la papada de Julio Grondona caló tan hondo en nuestras vidas?
Nacer fue mi primera crisis. Desde entonces se me hizo costumbre, e intuyo que si no paro ya mismo, en diez días entro en default. Todos lo inviernos intento vivir de The National, mientras un pelilargo con muñequera y tachas se sube a mi terraza y pone AC/DC a todo volumen. Quiero eliminarlo, pero para hacerlo necesito un buen libro y el autor de ese libro quiere matarme.
No me lo dijeron, LO SÉ.
Me agota el heavy metal mental. Me agota trabajar cinco días a la semana, me agota pensar en quién votar dos veces en un mismo mes, me agota no creer en el horóscopo chino, y me agota ser tigre de madera y no saber hacia dónde correr.
No me lo contaron, LO VIVÍ.
Apago la tele y agarro un libro que hace meses cajoneé en la mesa de luz. Lo abro y en el segundo párrafo Henry Miller saca un rifle. El muy sádico me apunta a la sien con: “Un hombre escribe para expulsar todo el veneno que ha acumulado a causa de su forma de vida falsa. Trata de recuperar su inocencia escribiendo, y sin embargo lo único que consigue es inocular al mundo con el virus de su desilusión”. Lo siento por quienes lean esto. Van a necesitar una inyección de azúcar. Y yo también. Ya mismo llamaría a Farmacity para que vengan a darme un buen chutazo de glucosa caribeña directo al hipotálamo. Esta noche necesito que no haga más frío. Necesito mucho chocoarroz y días largos. Necesito que nunca más sea domingo al atardecer. Necesito esconderme del hijo de puta de Henry Miller y, a la vez, necesito encontrarlo para que me explique cómo liquidar al fanático de AC/DC que está haciendo fuego en mi terraza.

miércoles, julio 13, 2011

Ya salió "Nada que ganar" y no te lo podés perder



Para conseguir el libro, pinchar la tapa

lunes, mayo 16, 2011

martes, abril 12, 2011

Maybe you can drive my car

Tengo miedo. Es la primera vez que me pasa. Nunca antes estuve enamorado de un auto, de mi auto. Hasta hace poco veía al automóvil como un invento sobrevaluado que causaba desgracias y que, en el mejor de los casos, me permitía ir de un lugar a otro en un tiempo razonable (en Buenos Aires cada vez menos razonable es ese tiempo).
Durante años usé el coche de mi viejo, de mi pareja e, incluso, en una breve temporada en la que odié a todos los mecánicos, tuve auto propio, y jamás me sucedió nada parecido.
Sé que voy a sufrir. En cada lluvia voy a rezar contra el granizo, cualquier pequeño rayón va a significar un moretonazo en mi estado de ánimo, y para vivir sin miedo, sé que tributaré fortunas a las arcas de los trapitos con cara de malos.
No se trata de un súper auto, pero es bastante nuevo, anda como los dioses, tiene un color que lustrado me hace babear (¡painted it black!) y es un modelo que, con su sobriedad, supo adaptarse a mis posibilidades.
Como corresponde, antes de comprarlo hice una investigación de mercado. Traté de maximizar las variables Precio/Calidad/PosibilidadesQueMeLoRoben, y fue así que terminé conociendo los modelos de cada fabricante, divididos por año, cantidad de puertas y tipo de motor. Por primera vez supe lo que era un Sedán, y comprendí el significado de Hatchback (que no es “Hacer dedo”. Eso se llama hitch-hiking, ¡animal!).
Sí, caí en uno de los clichés de la vida burguesa que tanto aborrezco: el auto como una extensión de mi falo.
O falito.
MV

sábado, noviembre 13, 2010

Sé que sí: el chico que fui perdona al gilazo que soy




Los poetas dicen que la verdadera patria de las personas es su infancia, no estoy de acuerdo. Para mí la infancia no es una bandera, sino una religión. Todos los días, apenas me levanto, miro la foto de cuando era chico, me arrodillo y le rezo. La verdadera luz de mi heladera es esa foto pegada en la puerta. Cada mañana le ruego que me ayude a mirar como miraba entonces. Le pido que me enseñe a desenredar los días como lo hacía en esa época: jugando. Jugando con entusiasmo, con curiosidad y, sobre todo, con coraje.
Por supuesto, hay momentos que no recuerdo, pero de algo estoy seguro: yo era valiente. Sí, de chico yo era grande y valiente de verdad. Por eso, todas las mañanas me arrastro hasta la foto del pequeño que fui y le pido perdón. Perdón por haberle fallado. Perdón por no haberle cumplido los sueños. Perdón por haberme convertido en esto que soy.

miércoles, octubre 06, 2010

lunes, septiembre 20, 2010

Etapa Rosa


Todos tienen su etapa rosa. Para algunas parejas, la etapa rosa dura minutos. Para otras, la mayoría, se extiende durante meses. Y para unos pocos, la etapa rosa deviene en etapa marrón.
Y dura siglos.
La etapa rosa florece en el nacimiento de toda pareja. Sin etapa rosa no hay verdadera unión. Es que si algo caracteriza a la etapa rosa, es la total idealización de la otra persona.
Son meses en los que el corazón late más rápido, la razón pierde la razón, y el cuerpo flota. Al principio, estás tan enamorado del amor, que sentís que vas a estallar. Tu amor es tan grande, tan completo e indescriptible, esperaste tanto ese momento, tenés tantas, pero tantas ganas de fundirte en el otro, que sólo ves en el otro el reflejo de aquello que querés ver. Encima, como si esa dulce ceguera no alcanzara, el otro redobla la apuesta y sólo te muestra lo mejor que tiene.
En la etapa rosa, todo lo que dice tu pareja es cautivante, embriagador. Abundan los besos, los abrazos, las declaraciones empalagosas y los regalos. Se festejan los meses, y se habla una y otra vez de las circunstancias, de las “causalidades” que llevaron a que las dos vidas se cruzaran, chocaran y explotaran, iluminando para siempre las existencias.
Otra particularidad de la etapa rosa, es el lenguaje. En cierta forma, el habla se deforma. Se infantiliza. Se vuelve al estadio de los diminutivos y al vicio de los apodos infantilizados.
Con Camila, no sé por qué, tuvimos la mala fortuna de no poder superar la etapa rosa. Después de dos años, ella quería que siguiéramos festejando los cumple mes, y si bien no me molestaba, lo que más me importaba era que volviéramos a hablar normalmente. Ni siquiera como adultos, sino como los post adolescentes que habíamos sido cuando nos enamoramos.
–¿Me querés? ¿Hasta dónde?
–Hasta el cielo.
–No, hasta el cielo no, malo. ¡Es muy cerca!
–Bueno, te quiero hasta el cielo ida y vuelta. Ida y vuelta muchas veces.
–¿De verdad? ¿Cuántas veces”? ¿No estás cruzando los dedos, no? Jurámelo.
Y así horas.
También estaban los SMS: “¡¡Hola cosita linda!! Recién pasé por la rotisería y compré comidita rica para que comamos juntitos. Te extraño. Besinhos”.
El tiempo pasaba y yo trataba que, de a poco, nos fuéramos estabilizando. Y que a partir de ahí cambiáramos la manera de comunicarnos. En especial cuando estábamos con otra gente. Pero en lugar de eso, me encontré teniendo conversaciones cada vez más extrañas:
–¿Me querés?
–Claro que te quiero, zonzita. Te quiero mucho mucho.
–¿En serio?
–Por supuesto. Te quiero como novia, como futura esposa y como madre de mis hijos.
–¿Cómo qué más?
–Ya está, ya te dije.
–No, dale, ¿cómo qué más me querés?
–Bueno, está bien: te quiero como persona, como mujer, como jugadora de vóley, como empleada administrativa y como estudiante.
–No, como estudiante no quiero que me quieras. Este año me fue re mal en esos finales de porquería.
Así, meses. Hasta que cambié de estrategia.
SMS de ella: “Hola cosita hermosa, ¿vamos al cine hoy? Besos. Te quiero mucho”.
Respuesta: “¿Me querés como hombre, como novio, o como microemprendedor?”.
Otra vez, llegó tarde a casa y me dijo:
–Vinieron unos clientes y la idiota de mi jefa me hizo quedar una hora más. Totalmente al pedo.
–¿Al pedo la hora, al pedo los clientes o al pedo tu jefa?
Al principio se reía. Al igual que cuando yo la perseguía tratando de abrazarla, rogándole un beso más. Pero después de un tiempo, se ponía a gritar: “Bastaaaaaaa”, o “¡Cortala neneeee!”, o “No te banco mássss”.
Por último, cuando durante una pelea interrumpí sus quejas y amenazas con: “¿Me lo estás diciendo por las buenas, por las malas, o por la dudas?”, pegó un portazo y no la vi más.
Ahora estoy más tranquilo, no lo niego. Pero tampoco puedo jurar que no pienso en ella. La extraño. Por momentos un poco, y por momentos muchito. A la noche la extraño por las buenas, por las malas y por doquier. La extraño como decir de acá a la luna, como decir Infinito Punto Rojo, que es mucho más lejos que Infinito Punto Verde.
MV

martes, julio 27, 2010

Derrumbe



Lo admito: durante años estuve tratando de no crecer. Es increíble el esfuerzo que hice. Y es increíble cómo, indirectamente, herí a quienes trataban de ayudarme. Para mí, todo lo que tenía que ver con madurar, era decadencia. Todo lo que se parecía a crecer, era traición. Y todo lo que implicaba compromiso, era resignar lo único valioso, la libertad.
Cada amigo que se casaba, era un amigo devorado. Cada amigo devorado era la sombra, el bosquejo de lo que había sido. El Sistema, con su educación, sus empleos, sus esposas y sus mandatos, era un Pacman, y no perdonaba. Se tragaba vidas enteras, y cada amigo que se consagraba al trabajo y la familia, era un amigo que marchaba hacia la más absurda de las guerras.
Pero la vida, el destino o lo que sea, luego de una tregua se encargó de llevarme de las orejas a mi lugar. Todo lo que había temido, y esquivado, me lo puso en las narices, justo cuando iba a toda velocidad.
En estos últimos años, me tocó la primera fila de una película que no pensaba ni espiar. Si me preguntan, es cierto, quedé un poco afectado. Eso cualquier nieto de Freud lo sabe. Pero yo también sé que valió la pena: en medio de toda esa locura, por primera vez sentí que de verdad ayudaba a alguien… y tratando de ayudar, me salvé yo.
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miércoles, julio 21, 2010

Ido con mis ídolos

No podía salir de la cama. Era domingo y faltaba un rato para el atardecer, pero esta vez no necesitaba que cayera el sol para deprimirme, el bajón era previo. El sábado la Argentina había sido eliminada del Mundial, y desde entonces no podía esquivar el duelo, torturándome con cuanto programa de fútbol se me cruzara. Cuánto más conventillero, mejor. Si hablaba Sanfilippo, mucho mejor. Pero en determinado momento, por combinación del zapping y la penumbra de la habitación, la pantalla del televisor me hizo chocar con mi propio reflejo, y lo que encontré me asustó: los calzoncillos del elástico gastado, la panza, el pelo grasiento… un hombre despatarrado en la resignación, con la única ambición de no tener que ir nunca más a ninguna parte.
Apagué la tele, pateé las sábanas y salí a inflar la bici. Fui hasta los bosques de Palermo, y no sólo pedaleé, sino que también me bajé y corrí dos vueltas al lago. De regreso, desesperado por comprobar si en la enésima repetición los alemanes seguían convirtiendo el gol desde el vestuario, en la vereda distinguí a un hombre vestido completamente de negro: saco, boina, una beba en brazos. Al lado, una mujer. Su mujer. No puede ser, me dije, y volví a mirar. Entonces él me miró, como esperando que lo saludara. El pelo largo, oscuro, contrastando con las legendarias patillas, ahora canosas… Al pasar a su lado alcé la mano, sonreí, y en el escalofrío del momento me salió: “¡Hola Guille!”, como si fuera un compañero de oficina. Me devolvió una sonrisa cómplice, acompañada de un “Qué tal, cómo estás”…
Eso fue todo. Cuando quise darme cuenta, Willy Vilas se había quedado diez metros atrás, esperando que desde dentro de una casa le abrieran la puerta. No me daba para volver, pero sí para continuar el viaje imaginando que retrocedía, le estrechaba la mano y le soltaba un improbable discurso. Algo así como: Hola Willy, nada más quería darte las gracias. No me conocés, pero fuiste importante en mi vida. Todavía puedo recitarte los dieciséis títulos que ganaste en el 77, o la cantidad de partidos que te mantuviste invicto en canchas lentas… ¿pero sabés qué?, por momentos no te bancaba. Cualquier cosa que te preguntaban, sólo hablabas de vos. Siempre eras vos, vos y vos… Seguramente seguís igual. La diferencia es que ahora te entiendo. Me imagino lo ingrato que es ser ídolo en este país. Sobre todo me imagino lo difícil que es volver a la vida normal luego de haber alcanzado La gloria. Así como yo todavía estoy en el Mundial, esquivando mi vida, sé que una parte tuya permanece en Roland Garros, revoleando la raqueta al cielo.
Guille, una vez, hace mucho, en un reportaje te preguntaron si tenías ídolos. Primero respondiste que no, pero después tu mirada viajó hasta París y se detuvo frente a la tumba de Jim Morrison. Ahí te diste cuenta de que sí, de que los ídolos podían tener ídolos y que admitirlo no era tan grave.
Al igual que muchos chicos que iban a verte al Buenos Aires, me pasé la infancia y la adolescencia dándole a la pelotita. Primero el frontón, después los canastos y la ropa teñida de naranja. Y vos eras el camino, la demostración de hasta dónde se podía llegar con talento y, sobre todo, trabajo. Lo intenté durante años, hasta que un día me pareció que el tenis era una ruleta en la que mis viejos ponían fichas, y mi juego naufragó en un mar de ceros. Entonces llegó el rock. Rock para exorcizar los miedos. Rock para tapar la tristeza. Rock para no ser yo. Y en el medio del vendaval vos te quedaste en un póster, a mi lado, hablándome del esfuerzo, de la disciplina, del coraje, de la determinación para alcanzar los sueños… equilibrando el marcador cuando nuestro ídolo en común, Jim Morrison, desde sus canciones me invitaba a seguirlo para siempre…
…hasta el fin de las risas y las dulces mentiras.
Hasta el fin de las noches en que intentamos morir…


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miércoles, julio 14, 2010

Por no lanerpo a tiempo (Crónica de una eliminación)

Diego tiene que seguir. Lo digo de corazón, más allá de que me elija, o no, para que lo siga acompañando.
Nos hicimos amigos en el 94, preparándonos para el Mundial. La vez que Fito Páez y Andrés Calamaro fueron a la concentración a dedicarle un tema, yo lo acompañé a pedirle permiso al Coco para salir un rato, y estuve todo el tiempo detrás de cámaras, congelándome. Cuando en medio de la nota Diego dijo: “Muchachos, metámosle pata que hace un fresquete bárbaro”, supe que íbamos a ser grandes amigos… Lo que no supe fue que catorce años más tarde íbamos a estar serruchándole el piso justo al Coco.
No entiendo a los que se quejan de la selección. Seguro que son los mismos que se quejan del país. No ven que la Argentina es una tierra de oportunidades. Yo, por ejemplo, hasta hace poco laburaba de amigote, y ahora soy Técnico de la Selección. Llegué al Mundial sin títulos ni experiencia, y formé parte del primer seleccionado de la historia que jugó sin volantes ni marcadores de punta. Si eso no es crecer, entonces los argentinos somos todos cuarto-finalistas de alma.
Se hizo todo lo que estuvo a nuestro alcance, y más. No fue fácil. La prensa, los rivales, las lesiones, los compromisos, y sobre todo juntarnos a la noche, tomarnos de la mano entre los tres y rezarle a Dalma, Gianina, la Tota, Benjamín y todos los santos.
Lo más difícil de ser técnico fue dirigirlo a Diego. Los jugadores respondían de maravilla. Con él se nos complicó. Para distraerlo y poder laburar tranquilos, el Negro y yo teníamos que picarlo. Le decíamos: “Diego ¿¿escuchaste lo que dijeron Platini y el vende patria de Lavolpe??”, “¡Diego, el grone Pelé volvió a hablar. Ubicalo!”, “¡Diego, la pelota que puso el mafioso de Blatter es un globo!”, “¡Diego, hay que llorar más, nos están dando nada más que un gol en offside por partido!”, “Diego, Toti Pasman declaró que ya se cansó de tenerla adentro”, “Diego, los periodistas necesitan que les des clases de italiano”… Entonces, mientras él iba y se peleaba con todo el mundo, el Negro y yo armábamos el equipo.
Todo perfecto, hasta que en una conferencia de prensa un tipo lo rozó para acomodar el micrófono. Ahí él se calentó en el sentido más cachondo de la palabra. “Mejor no me toqués mucho que hace días no veo a mi novia”, le dijo. Quince minutos después tuvimos que llevarlo a “lanerpo”, como le gusta decir. Recurrimos a un cabarulo porque la novia no estaba… y porque Claudia nos sacó cagando. En realidad la novia estaba, pero indispuesta, y todos saben que Diego odia el chorizo a la pomarola.
La negra que le llevamos lo puso a tope. Se echó dos al hilo y, en lugar de volver a la concentración, quiso quedarse un rato. Encendió un habano y en diez minutos se clavó tres whiskys. Entonces empezó con la arenga: “¡El que no moja es un inglés!”, gritaba. A mí me llevó aparte y me dijo: “Mancu, si ninguna de estas hembras te gusta sos Andrea Boccelli”. Al que le llevaba la contra, lo acusaba de debutar con un pibe. Hasta el cabezón Ruggeri y el Chino Tapia se engancharon. Fue muy emotivo. Terminamos todos en bolas, revoleando la ropa y cantando abrazados: “QUE VAMO´ A SALIR CAMPEONES COMO EN EL 86…”
Como comentó Diego después: esa noche el pasado nos cortó las piernas.
El Mancu


sábado, junio 19, 2010

Viernes 1:57 AM, en el cumpleaños de un ex amigo


Hubo un momento en que cambié de táctica. Pasé a la defensiva y no puedo determinar cuándo. De soñar con emborracharme, dispararle a las mujeres más hermosas, recorrer el mundo y escribir cicatrices con forma de poemas, terminé en la cajita feliz de los 14 días libres al año, obra social, siesta los domingos y ninguna discusión con mi jefe o mi mujer.
Doy vueltas por la casa, me cuelo en los pequeños grupos, picoteo de las conversaciones. En este último tiempo aprendí a hablar sin decir nada. Pienso en los grandes autores, algunos dicen que los años nos hacen sabios. Otros, que nos vuelven cobardes, descerebrados.
Me parece que las cosas van perdiendo el encanto hasta convertirse en lo que son: sueños mal inflados, anécdotas gastadas, fotos de lugares a los que volvemos sin haber visitado.
Memoricé el manual de lo que debe hacerse a cada edad, fui de la primera línea hasta la retaguardia, canjeé la intensidad por la calma, pero lo que duele es seguir aturdido. Es que se me mezcla el ruido de las discotecas con el de los cochecitos y los sonajeros. Algo sucedió en el medio, me digo, y entonces te aviso que voy al baño y me escapo al jardín, un poco mareado.
Camino solo. Es tarde. Todo el tiempo busco estados que, apenas alcanzo, desaparecen. ¿Dónde nació esta nada? ¿Quién la sembró? ¿Cómo éramos cuando creíamos que teníamos lo que teníamos? ¿Miedo al futuro es lo mismo que nostalgia? ¿El sendero de la rutina conduce al palacio de la frustración? El olor a pasto mojado se mezcla con la inocencia y el entusiasmo de viejos veranos. Pienso en nosotros, en nuestras posibilidades. Te someto a juicios viciados de dramatismo. Te llevo por los pasillos de la memoria y te fiscalizo en el recuerdo de los amigos caídos, en las últimas palabras antes de que nos devoraran todos esos “sí, mi amor”, “sí, jefe”.
MV

miércoles, mayo 05, 2010

El péndulo

Me muevo como un péndulo. No consigo dar en el centro. Paso de la animalada al miedo, y de la burla al lamento. Soy un bravucón o un hipersensible. Oscilo entre la violencia y la blandura obscena. Escupo y lastimo a mansalva, o me matan con una palabra. Juego al sarcasmo, hasta que me vuelvo susceptible y delicado.
Si de algo me sirvió la senda del continuo error, es que ahora me conozco. Y sé me gustaría ser más hombre y menos bestia. Más hombre y menos nena. Pero hace años que lo intento y no encuentro el equilibrio. Jamás logro combinar la fragilidad de la ternura con el fuego de la firmeza.
MV

viernes, abril 23, 2010

Presentation

"Textos sin destino" , de Fernando Belottini

Miércoles, 05 de mayo de 2010 a las 20:30
Sala Jorge Luis Borges - 36ª Feria Internacional del Libro de Buenos Aires.





miércoles, abril 07, 2010

Héroes

Si estuviese conforme con todo esto, podrías considerarme muerto.
Si estuviese del todo vivo, no estaría tumbado, enganchado al suero de las canciones.
Quizás consumí demasiada basura y ahora empiece a vomitar.
Quizás me conozco poco o nada, pero lo cierto es que no tengo héroes vivos.
Lo siento por Bowie, pero todos mis ídolos despegaron. Fueron demonios y el tiempo los hizo ángeles. Ningún disparo, ninguna biografía puede bajarlos. Ellos viven dentro de mí, posterizados, cansados, incapaces de defraudarme.
Ninguna recompensa me devolverá el tiempo perdido por haber recorrido cientos de nuevos discos y no haber encontrado nada, excepto el ruido de las discográficas fajando billetes.
Por eso vomito estas palabras, porque no las soporto dentro mío.
Por eso, como en la canción, me paro contra la pared y espero que los días me acribillen, mientras pienso en mis héroes, dejando que vivan por mí cada vez que me siento muerto.
Aunque ellos también lo estén.
MV

sábado, marzo 13, 2010

Mi psicólogo y yo

El primer gran descubrimiento al que arribamos
(luego de años de lucha y trabajo)
fue que necesito desurbanizarme:
algo así como evitar choques con autos
bicicletas, deliberys, volanteros,
y señoras con bolsas de Coto.
Tampoco me hacen bien las filas, el subte,
los piquetes, la hora pico,
ni la verba furiosa de algunos taxistas.
Entre mi psicólogo y yo concluimos
que lo más sano sería
patear celulares,
dinamitar El Centro, talar semáforos
y olvidar para siempre
o al menos por un rato,
el recorrido del 152.

MV

jueves, febrero 18, 2010

Me jode, ¿y qué?

Dylan en medio del concierto diciéndole “No te creo” a un fan que le gritó “Judas”. Brian Jones endrogado en posición de loto, acariciando la citara. Los Beach Boys y la maravilla de God Only Knows. Janis Joplin y su botella de Southern Comfort embriagando a Monterrey Pop. Hendrix de rodillas, incendiando una guitarra y miles de cerebros. Los Beatles cantando All You Need is Love en cadena mundial. Morrison en pleno clímax, aullando “Queremos el mundo y lo queremos ahora”. Los hippies. El free garching. Leary. San Francisco. El ácido. La imaginación al poder. La luna. Vietnam. Las marchas. Woodstock. Elvis gordo, patilludo y empastillado en Las Vegas. Los Beatles otra vez, ahora en la azotea para dar el último concierto. Los Stones haciendo Under My Thumb mientras los Hell Angels se cargan a un negro, y Lennon anunciando “El sueño terminó”. Realmente no entiendo cómo no viví nada de eso. Lo intento y no hay caso. Estoy enfermo de mitología sesentista. Idealizo en retroceso. Vivo en el fuera de juego de un constante jet lag. No logro sacarme la espina del destiempo, la nostalgia de lo que pudo haber sido.
El vivo recuerdo de las cosas que jamás viví.
M.V.

martes, febrero 09, 2010

Para no olvidar

Hace siglos que no festejo mi cumpleaños, hace años que vengo pateando mi casamiento, y cada vez que se promueve alguna reunión masiva, trato de que no se haga en mi casa. Adelante, pueden acusarme de egoísta, desagradecido, cómodo o lo que sea, pero lo cierto es que cuánto más gente hay, menos paciencia tengo. A pesar de ello, a veces me dejo vencer por alguien o, peor, por mí mismo. Es que me asaltan extraños impulsos, ciertos arrebatos, una curiosa combinación entre buena onda, amnesia y generosidad, que no logro reprimir a tiempo.
Este año, en lugar de veranear en la costa, alquilé una casa quinta, y no tuve mejor idea que enviar un mail a mis amigos, invitándolos a pasar el día. Lo único que les pedí, encarecidamente, era que me contestaran, y que dentro de lo posible lo hicieran con tiempo, había que calcular: asado, chupi, merienda, de nuevo chupi, y cena. Como conozco sus estrategias, para evitar recriminaciones y absurdas excusas, envié el mensaje con 14 días de anticipación, incluyendo planos, explicaciones, números telefónicos titulares y suplentes. A pesar de ello, por supuesto, hubo gente (¿dije gente?) que estaba en la ciudad y que jamás contestó. Hubo otros que me respondieron: “dejame ver, después te confirmo”, y jamás volvieron a comunicarse. No faltaron los rompe cálculo que confirmaron quince minutos antes, ni tampoco los otros, los que apenas se enteraron respondieron: “estoy a full”, y jamás aparecieron. Pero lo que me enfermó fue el frenesí, la catarata de llamados, mensajes, comentarios y consultas de los días previos: “¿Y si en lugar de Panamericana tomo Acceso Oeste?”. “¿Puedo llevar a mi sobrino?”. “No te ofendas, pero no me depilé y no me da ir así. ¡Otra vez será!”. “¿Qué onda la parte del plano en la que pusiste: pasan por una zona de casas de chapa?”. “¿Hay calentador?”. “¿La pileta es profunda?”. “¿Llevo cartas o paletas?”. “¿Si está nublado qué hacemos?”. “¿Contaste a Juanchi con la novia?”. “¿Te jode si llevo la pistola de aire comprimido?”. “Si no nace Marcia, voy seguro”. “Cumplió Fabio, ¿le compramos regalo?”. “¿Tenés idea si hay kartings por la zona?”. “Llevo las bebidas, pero el hielo que lo lleve otro. En este grupo hay gente que nunca hace nada”…
Primero pensé en pedirle a mi chica que, si alguna vez se me vuelve a ocurrir algo así, me aplique electroshock. Pero entonces recordé la alegría y las felicitaciones que obtuve de ella apenas envié el mail, saqué cuentas y llegué a la conclusión de que el ochenta por ciento de las veces que caí en estas trampas (infinitas reuniones de fin de año, agasajos, cenas, despedidas de gente que sólo había visto en fotos…) fue gracias a los empujoncitos que me da la inquieta vida social de ella.
Por eso empecé a escribir esto. Y por eso lo termino ahora: NUNCA MÁS ORGANIZO NADA, CARAJO. Y que me parta un rayo.
Ya está, ahora me falta imprimirlo y calcármelo en la frente.
MV

miércoles, enero 06, 2010

Así empezó mi guerra contra los bañeros

Al primer destello del verano, corrimos hacia el sol de San Bernardo, y nos arrebatamos. Éramos jóvenes y nuestra piel estaba sensible... a la mirada de terceros. Ella buscaba bikinis en Chiozza, y yo en la playa. Los días eran ventosos y nuestras conversaciones se llenaban de arena y reproches. Ella adoraba a Diego Torres, y yo intentaba taparlo, sacado, gritando por dentro Champagne Supernova, con los hermanos Gallagher.
Todo se resolvió aquella tarde, en un increíble regalo de Reyes: mientras yo barrenaba y daba contra una jubilada que soñaba con almejas, mi chica acusó estar insolada… y el guardavidas se tiró de cabeza en nuestra lona, a resucitarla.
Escapé, lloré hasta encontrar locutorio, y me arrodillé, vía discado directo, frente a mis amigos: rogué perdón, asilo lejos de Chiozza, y un plan marcial para exterminar bañeros.

MV

martes, diciembre 22, 2009

Decreto de necesidad y urgencia: La playa



Decreto de necesidad y urgencia: La playa

El que te llena de arena.
El que juega a la paleta con tu cabeza.
El que te usa de arco.
El que coloca su lona sobre la tuya.
El que te da sombra.
El que te despierta para darte un volante y de paso manguear
fuego y cigarros.
El que te convierte en babby sitter de sus hijos.
El que te moja.
El que se abusa de tu sed.
El que te desvalija.
El churrero que grita en tu oído.
El que se encara a tu mujer.
El que barrena directo hacia tu panza…
Por ellos, por mí, por todos los demás,
decreto que cada uno de los nombrados sea atacado
por una inmensa ola compuesta de: aguas vivas,
agua helada, agua contaminada,
agua de mar piyada y cagada por ellos mismos.
Apruébese, promúlguese y cúmplase.

martes, noviembre 17, 2009

lunes, noviembre 02, 2009

Un post de La Capitana

¿Me estás cargando? FACEBOOK

Ay Facebook, Facebook...
Prendo mi computadora contenta como todas las mañanas, chequeo mis
mails, contesto alguno de urgencia, selecciono otros para responder
después, abro el Facebook para poner alguna frase estúpida en mi perfil
que me garantice reírme el resto de la tarde y ¿con qué me encuentro?
Personas que tal vez conozcas: xx
¿Quieres agregarlo como amigo?
Y una fotito de mi ex en primer plano.
A ver Facebook, cómo te explico:
Estuve seis años para separarme; lloré como nunca creí que lo iba a hacer
en mi vida; afronté un tratamiento psicológico; me atendí con una
masajista china que me practicó acupuntura y me curó de los ataques de
pánico que eran consecuencia de no soportar el fracaso; me encerré por
meses y ni siquiera atendía el teléfono; me costó horrores no autoboicotearme
ante una nueva relación. Y así puedo seguir toda la tarde.
Entonces, mi querido Facebook, te contesto: ¿por qué no te vas a dar consejos a otro lado?

CAPITANA DEL ESPACIO

Este post es parte del blog: Matemos a los Ex - http://muertealosex.blogspot.com/

jueves, octubre 22, 2009

Facebook te ayuda

Facebook te ayuda a comunicarte y compartir tu vida con las personas que conoces.
Facebook te ayuda a comunicarte y compartir tu vida con las personas que conoces, y con las que no conoces.
Facebook te ayuda a comunicarte y compartir tu vida.
Facebook te ayuda a comunicarte.
Facebook te ayuda.
Todavía no sabés bien a qué.

viernes, octubre 16, 2009

Paren todo: Hope Sandoval sacó nuevo disco


¡Al fin! Después de siete años de espera, llega Through the Devil Softly, segundo disco solista de la ex Mazzy Star.
Abajo, el comentario de La Suite

Through The Devil Softly suma un total de once temas delicados lo indecible, en los que Hope vuelve a cantar como los mismísimos ángeles, y Colm dispone nuevas amalgamas acústicas, sin lugar a dudas que de ensueño. Y el mayor acierto en este álbum es que, muy al contrario de lo que solemos esperar de los trabajos de otros artistas, no hay cambio, ni evolución ni nada que se le parezca, sino que sólo encontramos nuevas canciones... Tal vez sea posible advertir mayor presencia del jazz en algunos temas, lo que, en cualquier caso, es del todo bienvenido… Por lo demás, la propuesta sigue siendo música folk preciosista de marcados aires poperos…
La cuestión se inicia con Blanchard, un fragmento deliberadamente fino que al punto logra retrotraernos a Bavarian Fruit Bread, de modo que ya no se puede dejar de poner cuidado en el álbum ni por un solo segundo... Wild Roses se abre con unas delicadas melodías de guitarra que a poco se opacan con la dulce voz de Hope, y cuando menos lo esperamos, el tema se embellece por todo lo alto cuando se dejan oír unas sutiles intervenciones de la armónica, instrumento que ha engalanado gran parte de las manufacturas de Hope Sandoval & The Warm Inventions y en el nuevo álbum hace otro tanto. El enigmático For The Rest Of Your Life se arrastra al ritmo que delinean los palillos, y en Lady Jessica And Sam la cantante nos hunde en una melancolía totalmente placentera, lo mismo que en Sets The Blaze, en el cual todo se vuelve más profundo gracias a unas orquestaciones sumamente apesadumbradas… Mientras que en Thinking Like That los violines siguen brillando pero sobre una estructura netamente jazzera, There's A Willow se vuelve una pieza casi del todo atmosférica e infaliblemente dulce. A poco llega el soft rock por cuenta de Trouble, pero de mano de las tres últimas piezas, Fall Aside, Blue Bird y Satellite, nos volvemos a sumergir en el maravilloso mundo hopeano, un dominio onírico anegado de melancolía y ternura...






viernes, octubre 09, 2009

... Facebook (tercera parte)

Primero le solicitás “amistad” a la gente con la que regularmente tenés contacto por mail. Luego, cómo ves que todos tienen tres cifras de “amigos” y vos no pasás de los 30, le tiras onda al resto de tu agenda, muchos de los cuales apenas conocés, o apenas cruzaste algún mail en los últimos tres años. Después empezás a revisar las amistades de tus “amigos”, y te hacés de nuevos “amigos”, en su mayoría, gente que ni te acordabas que existía. Lo curioso, es que viendo
Después pasás a la etapa en que mirás con cariño las “sugerencias” de amistad que te hace Facebook. Ahí te aparece gente con la que tenés “amigos” en común, y te aparece gente que no sabés de dónde salió, en base a qué criterio Facebook o alguien te los recomiendan. Pero tampoco importa demasiado, lo que cuenta es sumar. Llegado a este punto, te das cuenta de que tenés bastantes “amigos”, pero que todavía casi no te escribiste con ninguno. En lugar de cultivar amistades, te limitaste a solicitarlas. Ahora, además de buscar gente que busca gente, tenés que escribir y responder mensajes,sin olvidarte de explicar, en la mayoría de los casos, qué es lo que hiciste desde que terminaste el primario/el secundario/dejaste el anteúltimo trabajo/te mudaste… También te das cuenta de que, en la vorágine, aceptaste gente que no sabés quién es. Les mirás los amigos, les chusmeás las fotos... y ni una pista. Te preguntás: ¿quiero que éste vea todas mis actividades? Y ahí te decís: ¿Qué carajo son “mis actividades”? ¿Hacer una encuesta acerca de “si Fulanito sabe cómo divertirse? ¿Escribir: “Me senté en la silla con las manos debajo de las piernas, mirando la nada y pensé”, y recibir 8 comentarios como recién acabo de leer por ahí? ¿Jugar al Biotronic? ¿Hacerme fan de mí mismo? ¿Comentar fotos? ¿Subirlas? ... ¡Ah no! No quiero que un desconocido vea fotos mías en la playa, tomando sol o jugando a la paleta, así que ya mismo te saco a la mierda…
Ahí se produce la primera baja. Después llegaran limpieza mayores, pero para eso todavía falta…

jueves, octubre 01, 2009

...y sigo

Decía Freud que la palabra cura. Así que, por más que esté todo dicho, hoy voy a seguir hablando de Facebook. Tal vez, en una de esas, logre calmar esta mezcla de empacho y adicción vouyerística que tengo.
El otro día, una de mis “amigas”, alguien a quién en realidad no conozco, en su “¿En que estás pensando?” escribió: “preparando empanaditas de jamón y queso”. Okey, lo entiendo. Estás al pedo como yo ahora, y tirás el anzuelo para pasar el rato charlando con alguien que está en la misma empanada que vos. Lo que no entiendo es cómo ese comentario puede generar no uno ni cinco comentarios más, sino dieciocho.
¿Será que Facebook es cómo una gran reunión, y que uno en las reuniones, con tal de decir algo, a veces manda cualquiera?
Lo mismo me pasa con los tests. Hay tests de lo que se te ocurra. Podés pedirle “consejos” a personajes de lo más variados. Desde un Maestro Zen, pasando por el Coco Basile, y llegando al mismísimo Gym Morrison, de Peter Capusotto. Es cierto, algunos tiran resultados divertidos. Una vez hice uno. Determinaba qué canción de Enrique Bumbury sos. Contesté las preguntas con la esperanza que me salga La chispa adecuada, pero me dio otro tema y me enojé, y en mi boludez pensé: “acabo de dar un montón de información personal (¿?), que no me convenía dar”, y ahí se acabó lo mío con esos cuestionarios.
Pero a lo que iba es que puedo entender que hagas uno, dos, tres tests seguidos, pero cuando llegás al quinto seguido, ¿no te conviene más ir y decirle a tu jefe: “déme alguna tarea porque estoy por pegarme un tiro?"

martes, septiembre 22, 2009

Aviso

Este blog se encuentra "momentáneamente" desactualizado porque su dueño, luego de mucho renegar, abrió una cuenta en facebook. Desde entonces, cumple mínimamente con sus obligaciones laborales, y el resto del tiempo se la pasa metido allí.
Lo peor, es que lo único que hace es mirar lo que hacen los demás: fotos, comentarios, tests, muros, "en qué estás pensando", grupos, contactos y galletas de la fortuna que él jamás se animaría abrir...
Esperemos que se le pase pronto.

miércoles, septiembre 02, 2009

322

"La acción es una enfermedad del pensamiento, un cáncer de la imaginación. Actuar es exiliarse. Toda acción es incompleta e imperfecta. El poema que yo sueño no tiene fallas sino cuando intento realizarlo. (...) Para realizar un sueño es preciso olvidarlo, apartar de él la atención. Por eso, realizar es no realizar".

Del Libro del desasosiego, Fernando Pessoa

Desde el verano estoy leyendo este libro. Voy dosificándolo. Lo mezclo con otras cosas. A veces lo abro al azar, en cualquier página. Muchas veces lo miro y no lo toco. Siempre lo trato con respeto. Tengo miedo de que se convierta en mi Biblia. Tengo miedo de leerlo de un tirón y que me provoque un desgarro.

miércoles, julio 15, 2009

El Cat Power consiste en que, por aquí, todos estamos enamorados de Chan



El corazón es un cazador solitario
De una fragilidad desoladora, pero también de una dignidad irreductible para llevarla y convertirla en canciones que parecen nacer de un estilo inventado por ella, Cat Power conoció el abandono, el dolor, la frustración, la adicción, los brotes, las internaciones y las modestas resurrecciones. En el camino compuso, grabó y editó un puñado de discos que la llevaron de dilecta de la escena experimental a conmovedora exploradora del dolor, la intimidad y el fracaso emocional. La vez anterior que vino a la Argentina no estaba pasando por un buen momento. La gira que la trae –si la gripe lo permite– el jueves al Gran Rex parece que la encuentra tranquila e inspirada.

Por Mariana Enriquez

Si no se suspende, si el teatro Gran Rex se abre para recibirla, Cat Power tocará el jueves que viene en la Argentina por segunda vez. La primera fue una presentación muy rara: Chan Marshall –tal su nombre verdadero– estaba dispersa y ensimismada, tratando de afinar su guitarra, probando con un piano que tampoco la satisfacía. Las canciones no se terminaban, era 2001, la entrada había costado 15 pesos. Muchas cosas cambiaron desde entonces, en el país ni hablar; y la vida de Chan también tuvo sus enormes tumultos y turbulencias a escala personal. Aquella chica, la de 2001, venía de dos discos extraordinarios: Moon Pix (1998) y The Covers Record (2000); éste anticipaba su gusto por versionar y reinventar las canciones ajenas. Moon Pix sigue siendo para muchos su mejor trabajo, y en la Argentina acaba de reeditarse. Grabado en Australia junto a integrantes de los fabulosos y raros Dirty Three, tenía canciones que ya deberían ser llamadas clásicas, como la simple y perturbadora “Say”, o la tan linda “Metal Heart”, con su estribillo que entra como un aire dulzón, impregnado del melancólico aroma de una flor agonizante. La Chan de esos días andaba un poco perdida, ella lo admite. Suele contarlo en entrevistas: nació en Georgia, en el seno de una familia de alcohólicos. Nunca tuvo contención de su familia, ni una buena educación, y pasó años mudándose tras el rastro nómade de sus parientes, hasta que se independizó: se fue a vivir a Nueva York, y allí la descubrió Steve Shelley, de Sonic Youth, que la instó a grabar sus dos primeros discos, Dear Sir (1995) y Myra Lee (1996). Poco después, en 1996, llegó What Would the Community Think, que incluía el cover de “Bathysphere” de Smog, la banda/proyecto de Bill Callahan, entonces su novio.

Pero Cat Power tenía demasiada música, demasiado soul y demasiado sur para ser nada más que la niña mimada del indie. Entonces se puso a practicar el exceso: la extremada timidez rayana con la fobia en los shows, el alcoholismo, los episodios psicóticos (uno en la casa de campo que compartía con Callahan; él la abandonó poco después, y se sumó a la lista de amores de la vida de Chan, que son varios, porque parece incapaz de sentir poco, de quedarse en el apacible, sin alarmas ni sorpresas, mundo del cool).

Así y todo, en 2003, a pesar de los fracasos amorosos –que según ella, junto a su historia familiar de adicciones, explican sus brotes de desesperación–, editó en 2003 un gran disco: You Are Free. Había allí grandes canciones como “Names” (que listaba nombres de amigos de infancia que ya no veía más, y que habían sufrido mucho) o “I Don’t Blame you”, pero el mejor tema era “Werewolf”, un cover de Michael Hurley que resumía a Cat Power: parecía cantado en el medio de un bosque oscuro por una joven mujer llena de talento y tristeza, muerta de frío, arropada por un whisky, una mujer que no puede dormir y parece balancearse frente a sus pocos acordes. Muchos críticos llaman sad-core a la música que hacía Cat Power entonces: canciones lentas, muy tristes, con influencias country, blues, soul, indie, todo sobre un minimalismo conceptual.

Algo cambió después de ese disco. Cat Power editó The Greatest, se desprendió de la música folk blanca norteamericana e ingresó en el soul, que también le es afín, porque Chan es una sureña que creció escuchando a Aretha y Roberta Flack y Otis Redding, además de a Bob Dylan. Claro que su lectura del soul no es la de Amy Winehouse: su tono es calmo y su groove, infalible, ayudada también por el legendario guitarrista de Al Green, Teenie Hodges. Dos años más y otra colección de covers que parece marcarle el nuevo rumbo: versiones de country y de soul, un cancionero que va de “Silver Stallion” de Highwayman hasta “New York” de Sinatra, pasando por dos canciones estremecedoras: “Woman Left Lonely” de Janis Joplin y “Blue” de Joni Mitchell.

Después de Jukebox, Cat Power se profesionalizó un poco más. Ahora da shows enteros, y parece que además tienen formato de show bastante normal. Pero antes de este disco y esta gira, que está saliendo muy bien, la que la trae aquí, hubo otra internación, justo después de The Greatest. Chan se la contó a la revista Spin, y fue más o menos así: ella hacía un año que no salía de su departamento en Miami. No atendía el teléfono. Una amiga se asustó y la fue a buscar: la encontró delirando sobre una aparición de Johnny Cash (a Chan no se le aparece la virgen: se le aparece El Hombre de Negro) y un desierto que podía ver por su ventana (donde no había desierto alguno). La amiga la metió en un taxi y la llevó al hospital. Allí Chan no comió ni abrió los ojos durante tres días. Al cuarto se levantó y se maquilló. Le dijo al médico que, del 1 al 10, se sentía en un 4. Que ya no escuchaba voces, salvo la propia. Le dieron de alta poco después; el diagnóstico fue un episodio psicótico ocurrido tras una larga depresión no tratada, salvo con whisky y pastillas. Ahora, dice Chan, está contenta de estar mejor, de estar viva, de haber zafado. Ojalá todo –que es tan frágil– llegue en condiciones hasta el jueves, cuando ella se suba al escenario, y que Cat Power ya esté lejos de esa chica que se ponía a llorar detrás de las canciones. O tan cerca que ya aprendió a consolarla.

Canción para Bobby
Por Cat Power
Quiero decirte
Siempre quise decirte
Pero nunca tuve la oportunidad
De contarte lo que siento en mi corazón
Desde el principio hasta el fin de mis días

Yo tenía 15, a lo mejor 16
En el parque, estaba haciendo señas con los brazos
Vos moviste uno de los tuyos hacia donde yo estaba
Y cantaste la canción que yo gritaba
La que te pedía, la que quería

Otra vez fue en Carolina del Sur
Siempre fue el tercer frío largo
Cuyo viento venía rugiendo
¿Podés decirme para quién estabas cantando antes?
Oh Dios mío
¿Podés decirme
A quién le estabas cantando?

Llamada telefónica desde tu oficina de Nueva York
Supuestamente querías verme
Cómo quería decirte
Que sólo estaba a 400 millas de distancia

¿Quién podía creer que era tu llamado?
Yo estaba en DC
Yo estaba 400 millas detrás

Pase al backstage en la mano
Darte mi corazón era el plan
Ojalá hubiera podido decírtelo

Mi oportunidad
En el medio de un estadio en París, Francia
¿Puedo decírtelo por fin?
¿Puedo pedirte por fin que seas mi hombre?

Abril, París, ¿puedo verte?
Por favor, ¿podés ser mi hombre?

Esta declaración de amor a Bob Dylan es la única
canción escrita por Cat Power en su último disco de covers,
Jukebox, que fue editado en Argentina.

viernes, julio 10, 2009

Premio La Orillera: German Bodrio, Washington Cucurto, Paula & Paula

Primero, las disculpas a mi amigo Germán, por haber usado su (¿¡santo!?) nombre, y un apellido casi igual al de él, como seudónimo para participar de un concurso. Germán: en mi historia había un par de Paulas (ninguna tiene nada que ver con tu Paula) y se me ocurrió que si había víctimas y había Paulas, no podía faltar un Germán. Al menos para que firmara.
Segundo, muchas gracias a Adriana, del blog Orillera, por haber organizado el concurso.
Tercero, muchas gracias al jurado, Juan José Panno y Santiago Vega (Washington Cucurto). A los dos por haber elegido mi cuento, y a Cucurto porque él tuvo algo que ver con que yo pudiera terminar de escribirlo. Es que desde hace unos años tenía escrita una historia similar a la que envié al concurso, pero me faltaba el cierre. Hasta que unos meses atrás acompañé a mi mujer al hospital, después fuimos al bar, y ahí di con el diario Crítica. En la contratapa estaba la columna de él y desde allí, indignado, Cucurto publicaba su password y explicaba que lo hacía para quitarle la exclusividad a unos pibes que lo tenían de hijo, todos los días hackeándole la casilla de correo...
Leí hackers, casilla, correo, y me di cuenta de que ahí estaba el final de mi cuento: Paula & Paula.

miércoles, julio 08, 2009

El concepto luna de miel, mi último libro (digital)

Dijeron los jurados:

"En la pecera de lo hipercotidiano, palabras
que surcan el poema con acrobacias de agua".
Osjar Navarro

"
Aunque por momentos muy postmodernista, este poemario, es incesantemente genuino. Un recorrido ácido, tierno, ¡urgente! La voz de lo que nos deja el conflictivo momento actual de las cosas".
Marcelo Neyra

Para leerlo, bajarlo o confinarlo en el disco rígido, cliquear la foto:

jueves, junio 25, 2009

viernes, junio 19, 2009

Mi todo poético

Por tercer año consecutivo, la multifacética María García organizó el Concurso de Poesía y Prosa Poética "Todo Poético". Participó gente de todas partes, y los resultados fueron:

1º p r e m i o: glasé de Rocío Pochettino (Amparo de María) Río Tercero - Argentina
2º p r e m i o: Clónica Lumbre de Mario Bernal (Alejandro Lanor) San Juan - Argentina
Próximos a ser editados por Zediciones

Menciones:
-Miedo de Guillermo Daghero (reynaldo cuquejo cuquejo) Córdoba -
-El concepto luna de miel de Marcelo Vertua (Joel) Ciudad Autónoma de B.A. - Argentina
-NIMO... descuidos de un creador de Elsy Johanna López Santos (Carlos Bartok) Quito - Ecuador
-Eclipse de Jonathan Hazout Jiménez (Virker Rumslig)Valencia - España
-Operación claridad de Valeria Zurano (Flush) Buenos Aires - Argentina

Muchas gracias a María García y al resto del jurado: Hanz Polilla , Luciano García, Osjar Navarro y Marcelo Neyra

lunes, junio 15, 2009

Para gente exigente

Podemos encontrar inodoros con mucha tecnología, que incluyen un comando con 36 botones. Entre las opciones tenemos la de regular la temperatura del asiento, o la presión y temperatura del chorrito de agua que se encargará de realizar el trabajo sucio.

Otro aspecto es que a muchas japonesas les incomoda que alguien pueda escucharles cuando están en el baño. Para evitar que se las pueda oir se dedican a ir tirando de la cadena sin parar, lo que supone un importante consumo de agua. Para evitarlo se instala en los lavabos públicos un dispositivo de sonido que simula el ruido de descarga de la cisterna.
En fin, para todos los gustos. Y para una sola necesidad.

PD: el post que da origen a este post se encuentra en Los Martes Miento (# 155)

martes, junio 02, 2009

Cómo desaparecer completamente

La música es de los Tindersticks. El tema se llama Seaweed y en Youtube no me lo dejan subir por el Copyright. Aunque estoy seguro de que los Tindersticks jamás se quejarían de un fan, por más que ese fan los use para quejarse de las mujeres.


video

jueves, mayo 28, 2009

Para hacer la vida más importante (desde abajo, o desde Six Feet Under)




No soy de mirar series, ni mucho menos soy de andar recomendándolas. La primera serie que vi fue Lost, y definitivamente no la recomiendo. Es adictiva en el sentido más tramposo e interminable de la palabra. En cambio sí recomiendo Six Feet Under, de HBO, que ahora –en Argentina– están repitiendo por I-Sat. Sé que la ansiedad mata el placer pero no me importa, y por eso también recomiendo quemar la grilla de cable y conseguir los DVD como sea y mirar las 5 temporadas de un saque. Joder.
La trama gira alrededor de una familia, Los Fisher, que regentean una funeraria que funciona en su propia casa. Como en las mejores familias, hay peleas, incomunicación, miedos, soledad, egoísmo, mentiras, nacimientos, matrimonios, miserias, separaciones, engaños, salidas del closet y, sobre todo, hay muerte. Muerte desde quienes ven la muerte como un negocio, pero también muerte desde quienes la padecen, ya sea muriéndose o sobreviviendo. Muerte para quien restaura cadáveres, muerte para el que los reduce a cenizas, pero también para quién teme o desea la muerte de un familiar. Muerte para quién ve la muerte desde punto de vista legal, pero también muerte para los demasiado viejos o demasiado jóvenes. Muerte cuando la muerte es inevitable pero también cuando es totalmente absurda. Muerte que llega demasiado despacio o demasiado rápido. Muerte para el que no puede más y muerte para el que está en su mejor momento. Muerte para quién se supone sabe lidiar con la muerte y muerte para el que nunca pensó en ello. Muerte. Muerte y todo lo que la muerte deja a su alrededor.

Hecha la recomendación, me despido en medio de este ridículo vacío. Es que recién acabo de ver el último capítulo y sé que de ahora en más voy a extrañar a todos los personajes. En especial a Nate, quien en un capítulo, cuando alguien le pregunta por qué existe la muerte, él responde: para hacer la vida más importante.

Gracias por recordarlo Nate, ahora la vida es más importante.
Abajo, los 10 u 11 mejores momentos de Six Feet Under.

Sólo apto para quienes vieron todas las temporadas, y para quienes no piensan ver ninguna.


CLIP CALLING ALL ANGELS


QUEMANDO LAS COSAS / TEMA DE RADIOHEAD



THIS IS NOT ABOUT YOU (RUTH ENOJADA)


POEMA EN EL FUNERAL / NATE CUANDO MUERE KURT COBAIN


PELEA ENTRE NATE Y BRENDA



NATE ESTA PUESTO


NATE ENTIERRA A LISA



NATE SE LE APARECE A BRENDA


CLIP CON MUSICA DE COLDPLAY



EL ÚLTIMO SUEÑO DE NATE


NATE INTENTANDO MATAR A UN EXTRAÑO PAJARO

viernes, mayo 22, 2009

Todos los hermosos caballos

Cormac McCarthy por momentos me desespera. El tipo te cuenta al detalle cada movimiento de cada personaje y a mí me entran ganas de arrancarme los pelos. Las tres novelas que leí de él se desarrollan en ambientes ásperos y/o apocalípticos, y a los protagonistas no les queda más remedio que volverse extremadamente escépticos y duros. Y creo que es esa dureza,esa desesperanza y esa sequedad en la forma de hablar de los personajes lo que me mantiene adentro de las historias. Y también esas fracesitas que hacen temblar:

"Al final todos llegamos a curarnos de nuestros sentimientos. Aquellos a quienes no cura la vida, les curará la muerte."

"Deseaba ardientemente ser una persona de valía y tuve que preguntarme cómo sería ésto posible si no había algo como un alma o como un espíritu que existe en la vida de una persona y que puede soportar cualquier desgracia o desfiguración sin sufrir ningún menoscabo. Si uno tenía que ser una persona de valía, esa valía no podía ser una condición sujeta a los azares de la fortuna. Tenía que ser una cualidad que no pudiera cambiar. Fuera lo que fuese. Mucho antes de la mañana supe que aquello que ansiaba descubrir era algo que siempre había sabido. Que todo valor era una forma de constancia. Que lo primero que abandonaba el cobarde era siempre a sí mismo. Después de ésto todas las otras traiciones resultaban fáciles."

martes, abril 21, 2009

Tres poemas y un solo grito: ¡Viva México!, cabrones

Cliquear la foto para ampliar


La revista Fedra acaba de publicar algunos poemas míos. El año pasado hizo lo mismo Estepas del Nazas, y hace un par de meses, Espiga de Papel, todas de México. ¿Casualidad? ¿Exceso de tequila? Nada que ver. Todo gracias al gran Arturo Accio, poeta de lo oscuro, agitador cultural y, sobre todo, un amigo que cree (más que yo mismo) en lo que escribo.

sábado, abril 18, 2009

Las muñecas de Magnus



Acabo de leer Muñecas (Emecé, 115 pgs) de Ariel Magnus (Buenos Aires, 1975), ganadora del Premio de Novela Breve Juan de Castellanos.
Me gustó mucho. La historia sucede en Alemania, y el protagonista es un joven extranjero y solitario, que no puede o no sabe rechazar la invitación al cumpleaños de una semi desconocida. Tímido, torpe, una vez allí se encuentra con que es el único asistente al evento. A partir de allí, una serie de malos entendidos y enredos bastante graciosos, narrados primero desde el punto de vista de él, y luego desde la cumpleañera.
Como declaró el autor, esta
nouvelle es un pequeño tratado acerca de la soledad:




“—¿Qué le parece? ¿Llamo un taxi?
—¿Por qué es tan cortés?
Piensa.
—No sé. Tal vez porque ser cortés es una forma de desaparecer.”

“—Cuénteme por qué se quedó solo.
—No sé si quiero hablar de eso. la soledad es un tema de cada uno. Si le hablo, o no me comprende, y entonces para qué, o me comprende, y es peor. Ya me acusó de pervertido. Quédese con esa imagen, que es más fácil.
—No lo decía en ese sentido, no se enoje. Tiene que entender que entro aquí y veo todas esas muñecas y bueno, qué quiere que piense. Claro que si a usted le gustan… No le hace mal a nadie.
—Depende. Lo vicios privados e inofensivos suelen ser los peores para la gente. Como una mujer sin problemas de salud que se niega a traer hijos al mundo, el que se aísla por propia voluntad ofende a la comunidad de sus congéneres.”

“—(…) Esa es la diferencia entre el egocentrismo de un solitario y el egocentrismo a secas: mientras que el solitario es él mismo el centro de sí, el común de la gente sólo busca ser el centro de otros.”

“—(…) Yo siempre tengo cosas que hacer, cosas mucho más importantes para mí que estar con otras personas. Sólo que para usted y todo el resto sería inconcebible que esas cosas tuvieran algún tipo de importancia.”

“—(…) Porque ¿qué es la vergüenza? La diferencia entre lo que se supone que se espera de uno y lo que uno es, ese resto de fantasías cohibidas y palabras calladas es la vergüenza. A lo largo de la vida se va convirtiendo en el desván de todas nuestras frustraciones, el depósito de todo lo que quisimos y no nos animamos a ser, y a ese cúmulo de angustias llamamos en algún momento, no sin orgullo, vida interior.”

“—(…) Encerrarse con el objetivo de producir una obra de arte o un milagro de devoción es la mejor manera de asestarle un término a un estado que debería ser perpetuo, así piensa un solitario. Yo me encierro para encerrarme, así piensa. La falta de metas, el carácter completamente inútil de su quehacer es una forma, la única según creo, de la eternidad.

Muñecas, Ariel Magnus

lunes, abril 13, 2009

Un verdadero Heavyweight boxeando contra La Nada





"... No era temor, no era miedo. Era una nada que conocía demasiado bien. Era una completa nada y un hombre también era nada. Era sólo eso y todo lo que se necesitaba era luz y una cierta limpieza y orden. Algunos vivieron en eso y nunca lo sintieron pero él sabía que todo eso era nada y pues nada y nada y pues nada. Nada nuestra que estás en nada, nada sea tu nombre nada tu reino nada tu voluntad así en nada como en nada. Danos este nada nuestro pan de cada nada y nada nuestros nada como también nosotros nada a nuestros nada y no nos nada en la nada mas líbranos de nada; pues nada. Ave nada llena de nada, nada está contigo. Sonrió y estaba frente a una barra con una cafetera a presión brillante."

Del cuento Un lugar limpio y bien iluminado
Ernest Hemingway

miércoles, abril 08, 2009

DesEnjoy the Silence



El silencio de este blog es inversamente proporcional al ruido que hay en mi cabeza. Cuando las voces se callen, volveré.

viernes, marzo 27, 2009

miércoles, marzo 25, 2009

Ángeles de ojos negros y noches en las que todos trempamos una misma canción



Ángeles de ojos negros, lunas llenas de estrellas y coches astrales.
Todas las cosas que solía ver.
Todos mis amores. Todos mis pasados y mis futuros.
Todos en un pequeño bote, hacia el cielo,
sin nada en lo que dudar, sin nada que temer...

Pyramid Song (en traducción libre)

pd: ¡Qué buen recital que dieron!

sábado, marzo 21, 2009

Cuando los días pesan, Pessoa



Contemplo mi vida pasada como una extensión al sol que se abre entre las nubes; y noto, con una perplejidad metafísica, que todos mis gestos más ciertos, mis ideas más claras, mis propósitos más lógicos, no fueron al cabo, más que borrachera innata, locura natural, gran desconocimiento. Ni siquiera fingí. Me fingieron.

Del Libro del Desasosiego





miércoles, febrero 18, 2009

The Caicedo´s Manifiesto





En las librerías porteñas hay un pequeño Boom llamado Andrés Caicedo (1951-1977), y yo no puedo dejar de imaginar a un editor argentino que, cansado de la anorexia de los números y las quejas de su jefe, de pronto se acuerda de John Kennedy Toole, mira por la ventana, hace link con el escritor colombiano (cuya obra, hasta el momento, circulaba marginalmente) y dice: “ya está”.
Toole escribió La conjura de los necios y, diez años antes de que lo editaran, se mandó a mudar. Tenía 31 años.
Caicedo 25.
Y me parece que van a exprimirlo, que van a reeditar todo, absolutamente todo lo que aparezca o parezca de él.
Hace poco me prestaron Que viva la música. La protagonista y narradora es María del Cármen Huerta, una "chica bien" que de pronto deja las comodidades de su hogar para irse detrás del tocadiscos que resuena en su cerebro. Así, entra en un periplo de fiestas, bailes, aturdimiento, amantes, desarreglo de los sentidos… Lo que se dice una espiral hacia el corazón del Rock, aunque aquí, más que nada, se trata de rumba y otros ritmos caribeños.
Al principio, me costó entrarle a la prosa de Caicedo. Supongo que por falta de costumbre. Estoy habituado al español-español (coño, gilipollas), al español-mejicano (pinche cabrón, guey), pero no leí casi nada en colombiano.
Más allá de esto, mucho no me gustó el libro, salvo un fragmento. A cuatro páginas del final, el autor, un poco cansado, le pide permiso a la narradora y dice: “Tu”, y ahí mismo sabemos que nos habla directamente a nosotros, y sentimos un escalofrío. Entonces se despacha con:

"Tú, haz aún más intensos los años de niñez recargándolos con la experiencia de adulto. Liga la corrupción a tu frescura de niño. Atraviesa verticalmente todas las posibilidades de precocidad. Ya pagarás el precio: a los 19 años no tendrás sino cansancio en la mirada, agotada de capacidad de emoción y disminuida la fuerza de trabajo. Entonces bienvenida sea la dulce muerte fijada de antemano. Adelántate a la muerte, precísale una cita. Nadie quiere a los niños envejecidos. Sólo tú comprendes que enredaste los años para malgastar y los años de la reflexión en una sola torcida activa intensa. Viviste al mismo tiempo el avance y la reversa.

Cuando estés reventando acompañado, ¿tú qué harás? ¿Te quedaras dormido con la boca abierta delante de quienes han admirado siempre tu vitalidad? ¿Te despedirás dando tumbos para que se dé a tus espaldas un ramo de habladurías? ¿Reventarás encima de de los otros? ¿Por qué buscas la compañía en tus momentos de degradación? Vuélvete adicto a los vicios solitarios.

Tú, no te detengas ante ningún reto. Y no pases a formar parte de ningún gremio. Que nunca te puedan definir ni encasillar.

Que nadie sepa tu nombre y que nadie amparo te dé.

Que no accedas a los tejemanejes de la celebridad. Si dejas obra, muere tranquilo, confiando en unos pocos buenos amigos. Nunca permitas que te vuelvan persona mayor, hombre respetable. Nunca dejes de ser niño, aunque tengas los ojos en la nuca y se te empiecen a caer los dientes. Tus padres te tuvieron. Que tus padres te alimenten siempre, y págales con mala moneda. A mí qué. Jamás ahorres. Nunca te vuelvas una persona seria. Haz de la irreflexión y de la contradicción tu norma de conducta. Elimina las treguas, recoge tu amor en el daño, el exceso y la tembladera.

Todo es tuyo. A todo tienes derecho y cóbralo caro.

No te sientas llenecita nunca.

Aprende a no perder la vista, a no sucumbir ante la miopía del que vive en la ciudad. Ármate de los sueños para no perder la vista.

Olvídate de que podrás alcanzar alguna vez lo que llaman "normalidad sexual", ni esperes que el amor te traiga paz. El sexo es el acto de las tinieblas y el enamoramiento la reunión de los tormentos. Nunca esperes que lograrás comprensión con el sexo opuesto. No hay nada más disímil ni menos dado a la reconciliación. Tú, practica el miedo, el rapto, la pugna, la violencia, la perversión y la vía anal, si crees que la satisfacción depende de la estrechez y de la posición predominante. Si deseas sustraerte a todo comercio sexual, aún mejor.

Para el odio que te ha infectado el censor, no hay mejor remedio que el asesinato.

Para la timidez, la autodestrucción.

Adonde mejor se practica el ritmo de la soledad es en los cines. Aprende a sabotear los cines.

No accedas al arrepentimiento ni a la envidia ni al arribismo social. Es preferible bajar, desclasarse; alcanzar, al término de una carrera que no conoció el esplendor, la anónima decadencia.

Para endurecer la unidad sellada, ensaya dándote contra las tapias.

No hay momento más intenso ni angustioso que el despertar del hombre que madruga. Complica y prolonga ese momento, consúmete en él. Agonizarás lentamente y de berrido en berrido enfrentarás los nuevos días.

Es prudente oír música antes del desayuno.

Tú, disimula el olvido. Aprende a contemplar inconmovible toda génesis. Si te tienta la maldad, sucumbe: terminaréis por rodar juntas del mismo brazo.

Come de todo lo que sea malo para el hígado: mango viche y hongos y pura sal, y acostúmbrate a amanecer con los gusanos. Créete Ceiba, que también cría parásitos.

Tú, no te preocupes. Muérete antes que tus padres para librarlos de la espantosa visión de tu vejez. Y encuéntrame allí donde todo es gris y no se sufre. Somos muchos. Incomunica el dato."

Andrés Caicedo

martes, febrero 17, 2009

Once, o un amor de primavera musical



Dublín. Un músico callejero, una chica que se detiene a escucharlo y una pequeñísima gran historia. Él, salando con canciones las heridas de un viejo amor; y ella, buscando trabajo, soñando con un piano, recién llegada Checoslovaquia, luego de haber dejado atrás al padre de su pequeña hija.
Pianos prestados, guitarras propias, ensayos, grabaciones, letras de canciones que hablan de lo que no se dice. De bajo presupuesto, filmada casi como un documental, Once nos cuenta una historia sencilla (sí, tal vez un poco ingenua, y qué) pero honesta y conmovedora, atravesada por hermosas canciones, la mayoría compuesta por los mismos protagonistas.

Título original: Once
Año: 2006
Duración: 85 min
País: Irlanda
Director: John Carney
Guión: John Carney
Intérpretes: Glen Hansard (del grupo irlandés The Frames) y Marketa Irglova.